El equinoccio de otoño marca un momento especial del año en el que la duración del día y la noche se equilibran casi a la perfección. Este fenómeno astronómico ocurre entre el 22 y 23 de septiembre en el hemisferio norte, dando inicio a una nueva estación: el otoño.
La palabra equinoccio proviene del latín aequinoctium, que significa “noche igual”. Desde tiempos antiguos, culturas como la maya, la egipcia y la celta observaron este evento como un punto de equilibrio cósmico. Para muchas civilizaciones, representaba el fin de las cosechas, un momento de gratitud por lo recibido y de preparación para los meses más oscuros del año.
En México, sitios arqueológicos como Chichén Itzá muestran la importancia de este fenómeno: la sombra de la serpiente emplumada, Kukulkán, desciende por la escalinata de la pirámide en los días de equinoccio, uniendo ciencia, astronomía y espiritualidad.
El equinoccio de otoño ha sido visto como un tiempo de renovación y balance. Algunos rituales más conocidos son:
En lugares mágicos como Puerto Escondido, Oaxaca, el equinoccio tiene un atractivo especial. Aquí, el sol se despide del verano frente al océano Pacífico, regalando atardeceres espectaculares en playas como Carrizalillo, Zicatela o Bacocho.
Algunos visitantes y locales realizan pequeños rituales en la playa:
La experiencia del equinoccio en Puerto Escondido se convierte en un recordatorio de la conexión entre el cosmos, la tierra y el mar.